Qué tipos de deudas hay y cómo evitarlas

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Endeudarse es normal a lo largo de nuestra vida. Por desgracia lo normal es que no dispongamos del suficiente dinero como para poder permitirnos todas las cosas. Por ejemplo son pocos los usuarios que pueden pagar una vivienda sin necesidad de recurrir a una hipoteca. Por este motivo las deudas forman parte de nuestra economía como algo natural.

Sin embargo endeudarse puede convertirse en un grave problema dependiendo de diferentes factores. Desde Prestamistas Particulares queremos hablarte de qué tipos de deudas hay y cómo evitarlas llegado el caso. Al menos aquellas que suponen un problema para nuestra situación financiera. Si quieres saber más al respecto, no dejes de leer el siguiente post. Comencemos.

Los diferentes tipos de deudas

Endeudarse no tiene por qué ser siempre algo negativo. Siempre que esté bajo cierto control es una situación financiera bastante habitual. De ahí que podamos diferenciar los tipos de deudas en tres grandes bloques según cómo nos terminan por afectar en nuestra vida diaria. Estos grupos son los siguientes:

Endeudamiento dentro de lo razonable

Hablamos de un endeudamiento razonable cuando aceptamos adquirir una deuda por una serie de servicios o bienes que nos van a suponer una mayor rentabilidad en el futuro. O que con el tiempo dichos productos vayan a ir aumentando su valor. Un ejemplo del endeudamiento razonable sería solicitar dinero para comprar una vivienda.

Para que se considere un tipo de deuda razonable no solamente debe de ofrecer rentabilidad futura. Sino que además debe de ser una deuda que podamos asumir mes a mes con nuestros ingresos netos. Estas deudas no deben de superar nunca el 30-40 % de dichos ingresos. En caso de ser mayores ya no estaríamos ante un endeudamiento razonable, sino ante uno elevado.

El endeudamiento alto

El siguiente nivel de endeudamiento, tras el razonable, sería el alto o elevado. En este caso el problema radica en adquirir una deuda por un bien o servicio a los que no podemos hacer frente con nuestros ingresos netos. Es decir, vivir por encima de nuestras posibilidades reales. De este modo aunque se trate de la compra de un bien o servicio que aumentará su rentabilidad, si no somos capaces de asumir los pagos, no debemos adquirirlo.

Si sumamos a esta nueva deuda las anteriores que tenemos podemos caer en el peor de los escenarios posibles: el sobreendeudamiento.

Sobreenedudamiento

Este escenario dentro de los tipos de deudas es el peor al que podemos llegar. De hecho si nos encontramos aquí ya deberíamos hablar de problemas financieros. En este punto ya no somos capaces de abonar las deudas que hemos adquirido con diferentes entidades financieras. Por tanto el único modo de salir del embrollo económico en el que nos hemos metido es adquirir más deudas con las que afrontar las anteriores.

Si llegamos a esta situación hay que intentar no desesperarse. Las posibles soluciones a este escenario son las siguientes:

  • Buscar una solución rápida y eficaz pero con cabeza.
  • Revisar nuestros gastos e intentar reducirlos al máximo.
  • Hablar con las entidades financieras con las que hemos contraído una deuda para negociar las condiciones. En general los prestamistas prefieren cambiar dichas condiciones antes que enfrentarse a un impago.

Cómo evitar endeudarse

En la medida de lo posible lo mejor en cualquier caso es evitar endeudarse. Para ello, antes de solicitar ningún tipo de préstamo es recomendable hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿Realmente necesito el dinero? Si no es así es mejor no solicitar un préstamo.
  • ¿Debo de obtener capital de manera inmediata? Sopesa si hay alguna posibilidad de que más adelante puedas hacer frente al gasto que tienes en mente sin tener que endeudarte.
  • ¿Estoy en realidad ante una oportunidad financiera? Si nos encontramos ante una oportunidad financiera única, endeudarse puede ser una opción. Pero si no es así, no merece la pena.
  • ¿Tengo suficientes ingresos como para devolver lo prestado? Tus deudas nunca deben de superar el 40 % de los ingresos netos en tu unidad familiar. Además debes de sopesar si podrás seguir pagándola en el tiempo que acuerdes con el prestamista. Por lo que no está de más revisar posibles ahorros o situación laboral.
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